11 enero 2015

Pese al frío, la gente dio calor al tramo boliviano

Día distinto en el país. Tal y como sucedió en 2014, el rally Dakar sacudió a la afición, que se volcó a la ruta para seguir y aplaudir de cerca a los pilotos de autos que por primera vez entraron a territorio nacional. Como era de esperarse, Marco Bulacia y Luis Barbery fueron los más ovacionados al llegar a Uyuni, séptima etapa del rally raid más peligroso del mundo.

La jornada fue marcada por hechos que sorprendieron. Primero por cómo los aficionados al mundo motor (nacionales y extranjeros) se instalaron un día antes sobre la ruta aguantando la lluvia y las bajas temperaturas a la espera del paso del primer auto. No importó dormir en camionetas, casas rodantes o en camping, el objetivo era vivir el Dakar de cerca. De pronto se formó un cordón humano que pareció interminable, con la tricolor nacional que no paró de flamear al paso de los pilotos.

El segundo hecho más destacado, comentado incluso por la prensa internacional, fue el aparatoso accidente sufrido por el piloto argentino Juan Manuel Silva, cuyo Mercedes Benz, con el número 336 estampado en los costados, voló por el aire dando giros y más giros provocando un tremendo susto entre los aficionados. Es más, cuando la máquina se detuvo, prácticamente deshecha, los espectadores corrieron a sacar a los competidores de entre los fierros.

Las duras consecuencias fueron solo para la máquina porque los ocupantes, más allá del mareo y de un dolor en el pie en el caso del copiloto, no sufrieron daños. “Fue un momento de mucha tensión. Cuando nos bajamos, otro auto también volcó y se prendió fuego. Nos asustamos muchísimo”, dijo Silva a radio Rivadavia de su país.

La llegada a Uyuni tuvo otro sabor para los pilotos por cómo fueron recibidos. Para hoy se anticipa una fiesta mayor con la llegada de Wálter Nosiglia, que la pelea en cuadriciclos

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