Las manos, nerviosas y tensas sobre el regazo; la mirada, fija y concentrada en la carretera; y alrededor, mucha tecnología. Cuando Eberhard Kaus, ingeniero de Mercedes, se sienta tras los mandos del primer vehículo autónomo de la Clase S no se puede hablar precisamente de relajación. Eso cambiará, sin embargo, en una o dos décadas, cuando los conductores se conviertan realmente en pasajeros.
"La tecnología permite una completa libertad de movimientos para los ocupantes de un vehículo”, dice el "futurólogo” de Mercedes, Alexander Mankowsky, que se entusiasma al pensar que el tiempo en un atasco o en la carretera ya no será perdido, sino ganado. "Sin embargo, para ello, los interiores deben modificarse radicalmente”, agrega convencido. Por ello, los diseñadores ya trabajan en nuevos conceptos interiores para el vehículo autónomo.
Los primeros pasos en esa dirección son convencionales. En la feria de computación CeBIT el año pasado, Audi presentó la caja de asientos "James 2025”, dando forma así a su visión del cockpit del futuro: una pequeña mesa de té en el medio, instrumentos ocultos y volante pequeño con apenas dos mandos para apoyar las manos como en los aviones. Eso da al conductor, más relajado, mucha mayor libertad de movimiento, argumentan los diseñadores de Audi.
De ese hilo tira también Hartmut Sinkwitz, director de diseño de interiores en Mercedes y que preparó en su estudio de Sunnyvale, en el Silicon Valley californiano, un prototipo para la actual Feria Electrónica de Las Vegas (CES) con el que se avanza la visión de la futura generación de un vehículo con el formato de la Clase S.
"Hay cuatro sillones individuales que se pueden girar y quedar enfrentados como en el salón de casa”, explica Sinkwitz. Cuando arranca el auto, piloto y copiloto se pueden girar y con una pantalla táctil se puede trabajar, jugar o relajarse mientras el paisaje pasa frente a la ventana.
"Junto a una mayor libertad de movimiento y libertad para ocupar la cabeza en otra cosa, la calma, la esfera privada y la relajación serán el gran lujo de una era en la que viviremos en ciudades más llenas”, teoriza Mankowsky la práctica de Sinkwitz.
El diseñador no sólo ha pensado en el mobiliario, los colores y los materiales del coche autónomo, sino también en los instrumentos, los mensajes y el sistema de mando. "Como la posición del conductor ya no es unívoca, debemos ser extremadamente flexibles”, afirma. Por ello se integran por todas partes pantallas táctiles y aparecen botones donde se necesitan.
"Seguimos las miradas y gestos de los conductores y logramos que las superficies de mando virtuales se acomoden a la situación y a la posición del asiento sin importar si el piloto se sienta delante a la izquierda o detrás a la derecha”.
Frank Rinderknecht ha ido un poco más allá. El inconformista suizo, jefe de la firma de tuning Rinspeed, ya presentó en el Salón del Automóvil de Ginebra en marzo del año pasado un interior variable en el prototipo XchangE. Los dos ocupantes pueden cambiar la dirección del asiento y de la visión y mirar películas en un monitor en el cristal trasero cuando el piloto automático está activado.
Para 2015 ya ha refinado el concepto: en marzo presentará en Ginebra el concepto Budii, que apuesta por un cockpit variable junto a un software que aprende cada día para anticipar las necesidades del dueño. El volante es manejado por un brazo robótico sensible, de tal manera que puede ser conducido tanto por el piloto como por el copiloto.
"La transición de la conducción tradicional a la autónoma se hará en etapas. Necesitaremos que pasen varios años para acostumbrarnos a esta nueva forma de movilidad y al juego conjunto resultante entre hombre y máquina”, afirma Rinderknecht.
Los diseñadores de la firma Qoros ya han dejado atrás esa fase, al menos según lo que se ve en el prototipo Qloud, con el que la firma china participó en noviembre de 2014 en el Design Challenge de Los Ángeles en el marco del Salón del Automóvil de la ciudad de California. En él, los ocupantes se sientan la mayor parte del tiempo alrededor del holograma interactivo del ordenador de a bordo.
Todos los conceptos tienen algo en común con los diseños de los coches de hoy: el volante. Aunque puede moverse, esconderse, hundirse o reducirse, ningún diseñador quiere aún prescindir completamente de él.
"Es un símbolo importante de la capacidad de decisión del ser humano y una ancla psicológica que no queremos quitar aún al conductor”, explica Sinkwitz.
Sólo una empresa lo ve ya de manera diferente: Google ha renunciado a todos los instrumentos de mando conocidos en su vehículo autónomo.
Los ingenieros de la poderosa firma tecnológica estadounidense se preguntan para qué colocar un volante si el coche determina por sí solo el camino. Pero es que Google es, al fin y al cabo, una empresa de software, no un fabricante de coches.
"Junto a una mayor libertad de movimiento y libertad para ocupar la cabeza en otra cosa, la calma, la esfera privada y la relajación serán el gran lujo de una era en la que viviremos en ciudades más llenas”.
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